23 de julio de 2018

22 años después

Este fue un fin de semana muy especial, totalmente distinto a lo que es mi vida desde el 2014. Casi 22 años después de hacer un vínculo emocional, me reencontré con la madre (y su hija, la que llamaré hermana) de mi hermana de padre (la que llamaré hermanita), quien falleció en 1993, apenas un mes luego de conocerla.

Hace unos meses (con todo el tiempo libre que tengo), me puse a pensar en mis antiguos viajes a Manzanillo, municipio Pepillo Salcedo en Montecristi. Recordaba algunas de mis aventuras, mis encuentros con el cocomordán y otras cosas. No mucho, porque mi memoria no me ayuda. Mientras pensaba ¿y qué será de fulana? ¿qué será de fulano? ¿Donde mi hermanita tendrán el mismo número de teléfono? La curiosidad me venció y se me ocurrió lanzar la aventura de marcar el primer número que pensara. Y marqué. ¡No pude creerlo! Y 22 años después, era el mismo número.  Hablé con una tía de mi hermanita, me dijo que casi todos vivían en Estados Unidos o en Santiago. Me dio unos números y ese mismo día empecé a llamar.

Sin mucho esperar y aprovechando el servicio gratuito que nos ofrece la tecnología, llamé a la madre de mi hermanita. La sorpresa fue tremenda, hablamos por horas. Seguía llamándome "mi niño", jajaja. Seguía despidiéndose "bésele la mano a su máma", jajaja. (Allá por Manzanillo dicen máma, no mamá). Ella tenía muchos años en NY, vive con su hijo y una hermana. Me dijo que vendría al país en julio y que quería verme. Eso quiso, eso ocurrió.

Meses después, la madre de mi hermanita me dice: "mi niño, llego mañana por Santiago y me quedaré en casa de mi hija antes de ir a Manzanillo. Quiero que vengas a pasarte unos días con nosotras". (No daré detalles de mis negativas al viaje para no maltratar mi dignidad). Luego de dar bastantes vueltas, acepté y acordamos una fecha, la que cambiamos porque la atracaron y no quería seguir en el país. Ya saben lo que implica, cambio de fecha de vuelo, vacaciones más cortas, andar en la calle casi con temor y otras cosas. Pues,  me llama del número de su hija: "quiero que vengas el viernes". Entonces agarré mi mochila, metí mi equipo de supervivencia (condones no incluidos, porque no andaba en eso) y ropa para 2 días.

Hacía años que no tomaba un autobús interurbano, el viaje fue tranquilo, menos por la mujer a mi lado que no paraba de moverse y rebuscar entre sus paquetes. Unas horas después estaba en la ciudad Corazón. ¡No pude creer tanta limpieza! Lo que veo en Twitter es cierto, Santiago está impecable. La madre de mi hermana, su hija y otros familiares me recogieron y antes de ir a su casa, pasamos por donde unos familiares.

Al llegar a esa casa, en la que se escuchaba de fondo una música cristiana. No entramos bien cuando escucho "vengan a comer", a pesar de mis protestas silenciosas, me sentaron en la mesa ¿a comer? Eran casi las 8 de la noche con la mesa llena de locrio de chuleta, habicuelas, ensalada y un doble litro de refresco. Para no pasar por inadaptado, comí un poco, pero sin refresco. Al terminar, llevo mi plato a la cocina (todos me miran) y dicen: "ahora vamos para afuera" (y ya no suena la música cristiana). No nos sentamos bien cuando llegan del colmado con 4 cervezas y las ponen a mi lado. Me quedo esperando a que alguien de la casa abra la primera. Sin mover un dedo, mis ojos dieron como 3 vueltas y nadie se movió. Casi temeroso digo: "señores, se van a calentar". Y como si los 5 presentes estuviesen combinados, me responden: "aquí no se bebe, las cervezas son para tí". Ya imaginan mi cara de WTF. Me dio vergüenza, pero me las bebí.


Esa noche esperé el momento oportuno para conversar un poco en privado con la madre de mi hermanita y entregarle algo que conservé desde 1993. Luego de guardarlo por tantos años, le di un mechón del cabello de mi hermanita (que ella misma me regaló antes de su operación). Estaba tejito en una trenza de unas 6 pulgadas de largo. Lo mantuve como un tesoro, pero entendí que significaría más para ella.

Ya rumbo a la casa donde me tocaba dormir, voy comido y bebido. Poco para las 11 de la noche, veo mujeres salir de sus casas como si hubiese inscripción en alguna universidad. Vi un arcoíris de monumentales damas, mujeres y chicas. Solo una llamó intensamente mi atención (esta parte la omito para garantizar los derechos de autor). Sorpresa me di, cuando mi hermana dice: "manito, tengo hambre vamos a pedir pizza". Le digo que acabamos de cenar, y ella dice: "esa fue la comida, pero tengo hambre". Pues, a pedir comida se ha dicho. Sin darme cuenta, llegaron otras cervezas. Y me dicen: son para ti. No me dejaron pagarlas y ya se me estaba quitando la vergüenza.

Pues, esa noche me reencontré con gente que hace más de 20 años fueron como mi familia, compartí, comí y bebí. Al día siguiente, entre el café (que colaron solo para mí, porque tampoco toman café), me dice mi hermana: ¿te gusta fulana, verdad? Pues iremos a una piscina, voy a invitarla. Ya imaginan mi cara. Pocas horas después, fuimos con otras personas al lugar. ¡La creta, cuántas mujeres! No puedo negar que todo tipo de cuerpos adornaban el lugar, muchos esbeltos, dignos de cualquier concurso de belleza. Había mujeres para hacer un pelotón. A pesar de todas las bellezas reinantes, yo estaba pendiente a la joven que mencioné antes.

Nuevamente veo cervezas llegar y dicen: "son para ti", esta vez me riego y digo: "¡Ah, no. Si alguien no bebe conmigo, que se las lleven!". Con mucha lucha, el novio de mi hermana abre una y me dice: "eres el invitado, los invitados beben y no pagan". No me convenció mucho, pero ya estábamos bebiendo las cervezas. El ambiente era de mi agrado, cervezas y bikinis. Pero eso que sonaba, que muchos llaman "música", no. Yo estaba concentrado en el bikini de la joven que me gustaba, ahí no me perdía. La tarde pasó y cayendo la noche regresamos a las casas sin inconvenientes.

Ya en la casa, luego del baño y la cena escucho: "manito, oye, los papás de fulana son evangélicos, que no te vean tomando cerveza". Le dije: "tranquila". Apenas volvimos a su casa, mi hermana pide 4 cervezas. Yo la miro con cara de ¿Ajá? ¿Para mí, verdad? Ya saben el resto, no me dejó pagarlas y me las bebí sin vergüenza.

Esa noche compartí un rato con mis familiares y con los padres (evangélicos) de la joven a la que "le tenía el ojo puesto". Aunque mi hermana me advirtió de que "no me vieran con una cerveza", así mismo compartí con ellos, con una botella en la mano. Noté que los padres de la joven se fijaban en mis palabras y mi comportamiento, mucho más que en la cerveza. La madre de la joven me preguntó: "¿usted tiene hijos?" Momento que aproveché para dejar de nuevo en evidencia mi interés por su hija. Realmente me había gustado todo lo que vi en esa joven, pero poco duró mi pasión, cuando conversaba con ella para conocerle mejor y pregunté por la música que le gusta. Todo se derrumbó dentro de mí cuando, con su acento característico dijo: "ei mayoi". Ese tema sigue, pero lo dejaré ahí.

También conocí a un hombre con un tremendo parecido a mi papá. Tres cosas lo hacen idéntico; su físico (color, pelo, cara estatura), su soledad y su romo. Es prácticamente un alcohólico de esos que casi no hablan con nadie y se refugian entre paredes y botellas. No entré a su casa, pero pude notar las incontables botellas vacías que ordenaba desde el pasillo hasta la sala. Es muy reservado y educado, nunca dijo una palabra fuera de lugar. Le comenté su gran parecido con mi papá, de su poco acercamiento hacia mí y de cómo lo encontré muerto en casa. Parece que eso le impactó, me comentó brevemente sus penurias familiares. Cosa que también tuvo impresión en mí, no niego que se me aguaron los ojos una o dos veces. En un momento me miró fijamente y se puso de pie diciendo: "si quieres verme feliz, déjame beber". Me dio su botella de romo que estaba por la mitad (ningún borracho hace eso) y se encerró en su casa. Me dejó sin palabras.

El día para regresar a la capital llegó y en verdad yo ni quería regresar. Primero me iba al mediodía, luego en la tarde. Acabé abordando el autobús de las 7 de la noche. Dadas las circunstancias socioeconómicas, lo obvio era retornar a mis 4 paredes. Y eso hice. Me despidieron como si me fuese de viaje a Rusia (ojalá). ¿Dos vehículos llenos de gente para llevarme a la terminal? Si hubiese sido en la capital, apostaba mi cabello a que la gente estaba loca por salir de mí.

Luego de este agradable reencuentro espero no perder el contacto de nuevo, por los buenos recuerdos en Manzanillo y por las cosas nuevas que espero ocurran allá y en Santiago también, porque al pasar de los años ese cariño sigue igual.

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