6 de junio de 2018

Serenata de insultos

Hace justo una semana ocurrió algo que no es común por aquí y a lo que no estoy acostumbrado.
 
Desde hace meses, en la acera del frente vive con su madre, un joven de 23 a 25 años, bastante delgado, tranquilo y callado. Se la pasa entrando y saliendo en un carrito que parece una caja de fósforos. No conozco su nombre ni el de su madre, prácticamente no hemos cruzado palabras.


Una noche, rozando las 2 de la madrugada, escucho un carro acelerando y tocando bocina (como tocan los desesperados en los tapones) justo frente a esta casa, pensé que era alguna alarma. Pero, pasaban los minutos y seguía el ruido acelerando el motor de un carro y tocando bocina (como un loco). Se espanta mi madre, me levanto y miro por la ventana; el vecino (el que es tranquilo y callado) llegaba y estaba de impertinente a esa hora haciendo ese escándalo.


Como el muchacho seguía en lo mismo, decidí a salir y recordarle que no vive solo en esta calle, que es una zona tranquila y mayormente de propietarios que fueron militares. Cuando estoy saliendo, veo que el otro vecino abrió la marquesina y movió su carro (para que el ruidoso pueda entrar), me quedo en medio de la calle a las 2 de la madrugada esperando para pedirle al vecino que respete el sueño ajeno.


Cuando se estaciona y apaga su carro, me acerco lentamente y en voz baja le digo: "vecino, son las dos de la mañana". El muchacho me mira y tratando de pararse empieza a gritarme cosas como: "Coñ@, yo estoy en mi maldita casa, la que yo pago con mi maldito dinero". "Mire coñ@, vaya para su casa que usted no me paga mi maldita casa"... Justo antes de yo "ponerme bruto" y taparle la boca de mala manera, noté que estaba borracho. Viendo que no estaba en su sano juicio, opté por no hacer nada, mientras el muchacho seguía gritándome una verdadera serenata de insultos. De todos sus gritos solo recuerdo: "mamaguev@, maric@n, mujercit@", etc. Y como si fuera poco, metió a mi señora madre en su serenta, lo menos que le dijo fue "put@ y "perr@".


A pesar de todo lo que el jovencito vociferó, mantuve la calma pues ¿qué iba yo a resolver partiéndole la boca mientras estaba borracho? Simplemente yo iba a ser un hombre abusador que habría golpeado a un jovencito delgado, 20 años menor, sabiendo que estaba borracho. Lo veo que no encontraba (en sus manos) la llave para abrir la reja para subir a su casa, por lo que le pregunté ¿quieres que te ayude a abrir la puerta? ¡Je! ¿Para qué fue eso? El borrachito estralló sus llaves en el suelo y ahí fue que volvió a gritar insultos con más fuerza. "Maric@n, tú no me ayudas a pagar mi maldita casa, coñ@, la que pago con mi maldito dinero"... Veo que se levantan otras personas, incluyendo mi vecino de al lado, quien se acerca lentamente con cara aburrida y me pregunta ¿por qué no le has dado todavía? Casi me río y le dijo: "mira el jumo que tiene. Ven, vamos a alejarnos un poco y a esperar que entre. No vaya a quedarse afuera y le pase algo, porque nos interrogaría la policía".


Mi vecino y yo nos quedamos conversando en la acera contraria, esperando a que el borrachito entre a su casa, mientras seguía insultando. "Ustedes dos, mujercit@s, maldit@s mujercit@as, maric@nes", apuesto a que hablan de mí, coñ@" (entre otras cosas). Ahora era mi vecino el que quería darle. (No niego que tuve ganas de "sonarlo", pero no lo hice). Le dije: "mano, así borracho hasta con un "topao", le damos un mal golpe. Vamos a agarrarlo sobrio otro día". Eso hicimos, cuando vimos que el borrachito se subió por la reja para entrar a su casa, pues no encontró sus llaves, cada uno fue a dormir.


Yo fui a dormir (y me dormí), al día siguiente mi mente se dividía en "carajo, debí darle" y "suerte que no le di un mal golpe". 48 horas después de la serenata de insultos, toda la calle parecía un cementerio, no veía a nadie de día ni de noche. Entonces hablé con mi señora madre para que supiera que yo esperaba el momento para poner las cosas en orden, solo cuando la madre del borrachito estuviese presente. Iba a dejarle claro que los vecinos en esta calle no hacen eso, y a pedirle que se manejara con su forma de beber. (Y claro, en son de paz, pero si el muchacho desafinaba, yo iba a darle, como debí darle la noche del escándalo).


En la tarde del tercer día luego de la serenata de insultos, veo a la madre del joven llegando a su casa, me ve y acelera el paso (obvia ventaja psicológica para mí). Después veo a mi vecino de al lado, conversamos un rato y me entero de que la serenata tuvo segunda parte. Yo no sabía que la misma noche del escándalo, el borrachito saltó dos o tres veces la reja de su casa (sin pantalones) y siguió insultando hasta casi las 4 de la mañana en el medio de la calle. En esta ocasión gritaba nombres y apellidos de otros vecinos entre insultos, y la madre de mi vecino bailó en esta vuelta. Fue la misma doña quien no dejó salir al vecino, pues iba a dar sus buenos golpes al borracho. Yo apenas me enteraba de esa otra parte de la noche, por lo que le dije al vecino; "mano, debemos poner al muchacho claro, hoy. Ven, vamos ahora. Iremos tranquilos, no vamos a darle".


Mi vecino y yo cruzamos, entramos calmadamente a la casa del borrachito y su madre. En la puerta dije "saluuuudos", salió él, me vio y se puso nervioso. Le di la mano, saludé y pregunté por su madre. Veo y saludo a la señora, que vestía esas faldas estilo evangélicas (¡ay, qué buena está!) y le pregunto si podemos pasar, ella acepta. Ya dentro, mi vecino y yo nos quedamos de pie en la sala y empiezo mi breve discurso: "Señora, imagino que sabe por lo que estamos aquí. Es la primera vez que vengo a su casa y es para decirle que controle el comportamiento de su hijo cuando bebe, este es un sector tranquilo y nadie le ha hecho nada para que eso ocurriera. Miro al muchacho y le digo: "entiendo que nadie sabe los problemas que tienes o lo malo que te haya pasado antes de venir esa noche, pero otro acto así no lo vamos a dejar pasar por alto. Oye, todo lo que me gritaste se me ha olvidado, no ha pasado nada". El muchacho interrumpe una o dos veces diciendo: "a mí no se me ha olvidado"... Lo paré en seco: "Silencio, cállate en la casa que tú pagas con tu maldito dinero. Yo vine a hablar, no vine a escucharte. El maric@n, el mujercit@ hijo de la maldit@ perr@ de mi mamá te está hablando"... y se calló.


Vuelvo a conversar con la madre del muchacho (y repito, ¡qué morena que está buena!) y de una habitación sale la pareja de ella. Le pregunto: ¿lo desperté? Dijo que no. Seguí hablando con la madre del muchacho, "señora, si mi vecino y yo no golpeamos al muchacho porque vimos que estaba bebido. Pero, míreme. Míreme bien, esto no es una amenaza, pero que si su hijo hace de nuevo algo parecido, voy a entrarle a golpes, (en ese momento me di dos golpes con la mano derecha en el pecho estilo gorila) lo sacaré del carro, lo meteré en su casa y luego voy a averiguar si está borracho"... Luego miré al muchacho y le dije: "¿Me entendiste? Si lo haces de nuevo, te voy a dar. Ustedes fueron los que se mudaron por aquí, ustedes deben adaptarse a nosotros". El muchacho me mira, baja un poco la cabeza y se disculpa. La madre (¡tan buena que está!) nos mira y nos agradece no haber le dado (una buena pela) a su hijo. El hombre pareja de la mujer, mudo como la H.


Dando por aclarado el incidente, les doy las gracias por escucharnos y haber entendido claramente mi mensaje. Antes de despedirnos, el muchacho me pregunta si mi madre está en la casa, le digo que si. Entonces me dice que quiere ir a pedirle perdón. Le dije: "Pero, claro, mano. Eso es una buena idea". Entonces bajamos las escaleras y fuimos a casa. Nos detuvimos en la puerta de entrada y dije: "doña, mire a quién le traje". Mi madre sale de la cocina, lo ve, se asombra (tapándose la boca estilo novelas) y como si lo hubiesen planeado, se abrazaron. Hasta yo me sorprendí. Le dije, "doña, ¿vio que no le di?". El muchacho se disculpó, mi madre lo perdonó y lo aconsejó con el tema de la bebida. Conversaron unos instantes y luego lo llevé a la casa de al lado, para que hiciera lo mismo con la señora. Y eso hizo. Lo llevé, se disculpó con la señora mientras mi vecino lo miraba de reojo (aunque le mujer como que lo perdonó entre comillas) y le aconsejó parar la bebida. Instantes después, salimos de ahí y hablamos unos minutos en la acera. Le dije que estaba muy joven para fracasar (con otra gente con menos paciencia que yo) por unos tragos. Que los buenos vecinos son los que no joden... Lo miré y nos despedimos.


Y de esta forma puedo decir esto fue "prueba superada", sin violencia y sin ponerme bruto. Dejamos atrás aquella serenata de insultos.

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