26 de marzo de 2016

Adiós, LAMA

Hoy devolví los emblemas distintivos (colores) del club de motos Latin American Motorcycle Association, LAMA. Definitivamente he dejado de ser un "biker". Me siento mal porque mi vida ya no goza de esa libertad especial al andar en dos ruedas. Pero ya no tengo empleo, ni dinero, ni motor ni libertad.

Ya que no me era posible pagar las cuotas como miembro ni costearme los paseos, solicité una licencia de varios meses para ausentarme del club en espera de que mi situación laboral, económica y social volviera a la normalidad. 

Pero no fue así, pasaron dos años y todo sigue igual, por lo que presenté mi renuncia al club. Me sentí mal y bien a la vez cuando los colegas que aprecio no quisieron eso. Pero luego entendieron mi posición y aceptaron mi salida. Me alegra saber que me aprecian y que tengo las puertas abiertas en caso de poder volver al club con ellos.

Debo reconocer que ese pasatiempo no es barato, pero cada paseo valía la pena. Solo o con una pareja, cada "ride" era una caja de sorpresas. Siempre pasaba algo distinto aunque fuesen las mismas personas. No niego que prefería andar con mi copiloto favorito, ella sabe quién es.

Extraño rodar con los muchachos del club y aunque todos son "hermanos",  hasta en las mejores familias siempre hay favoritos. No sé si vuelva a subir a una moto, a pertenecer al mismo club o a otro. Lo que si sé es que me "apagaron el jacho". Me quedé sin pito y sin flauta. 

Dejar las motos es como dejar la música. Queda un vacío que únicamente lo entiende quien ha montado conmigo y disfrutado de la melodía de esas máquinas.

No estoy triste, me siento limitado, me siento solo. Pero asumiré los consejos que siempre escuché de las dos damas que alguna vez fueron mis esposas:


"Todo en la vida es un proceso" y "Nadie sabe cómo es mejor".