17 de noviembre de 2012

Misa y último deseo de Ramón Cruzado

Ayer 16, en el aula magna de la Academia Superior de Ciencias Aeronáuticas fue oficiada por nuestro antiguo compañero Edward, una breve misa en honor de Ramón Cruzado Sosa. Este incansable gigante había fallecido el pasado 30 de Octubre camino a su trabajo, al que le dio 38 años de su vida. Hasta el día de su muerte quiso hacer lo que más amaba; controlar. Una profesión que no devuelve lo que uno le entrega; la vida.

Ante un reducido grupo de personas, la caja que contenían sus cenizas esperaba por el mar. Observaban compañeros controladores aéreos y amigos. Sus familiares estaban en primera fila mientras su hermana lee unas emotivas palabras de despedida y agradecimiento.

El oficio religioso daba fin, el coro del Instituto Dominicano de Aviación Civil entonaba el Himno Nacional mientras los presentes mostraban solemne respeto a la memoria del querido y conocido por todos como: "Papi". Los días como este me enseñan que uno se va de aquí igual que cuando llega; con una mano delante y una detrás.  Salimos como entramos, sin un futuro seguro.

Luego, apurando el paso, todos salimos en marcha a las afueras de la Academia. En esta época el sol se pone mas temprano y esperábamos el helicóptero del que serian esparcidas las cenizas de Cruzado, tal como el lo había querido; en el mar y cerca del aeropuerto. Se escuchaba de fondo una voz que cantaba "Cuando un amigo se va".

Minutos después aterriza el Bell 206 que había enviado la empresa Helidosa. Junto al piloto abordan 3 de sus compañeros mas cercanos y el hijo de uno de estos, quien filmaría en video ese importante momento para entregarlo directamente a la familia de Cruzado.
Luego todos caminamos a la orilla del mar, ahora el helicóptero esperaba por nosotros. Con todos reunidos, la aeronave daba tiempo a que los familiares de Cruzado le dieran el ultimo adiós. Entre los arrecifes todos esperábamos el momento, el sol se ponía. Muchos tomaban fotos, muchos filmaban videos mientras el helicóptero permanecía breves minutos suspendido sobre el mar.

Luego la aeronave gira sobre si misma y lentamente pasa sobre nosotros, como si ahora fuese Cruzado quien dijese adiós. Vuelve a posarse sobre el mar, y junto con el Sol, la vida de Ramón Cruzado llega a su ocaso. Ahora sus cenizas y el mar son uno solo, tal como él había pedido.