10 de octubre de 2012

Mami... ¡Era yo!


Esta es de las historias de las que me voy riendo mientras las escribo.

Hoy me había lavado la cabeza y me he dejado el pelo suelto hasta que seque. (Conste que lo tengo a mitad de la espalda). 

Más tarde me llama un colega, que venía a recoger un cable con toma de audífonos en ambos extremos. Caía un tremendo aguacero, y cuando llega, por la lluvia no pudo bajar de su vehículo para recoger el cable. Entonces yo salí con mi sombrilla, pantalones cortos (y mi pelo suelto). Le hago entrega, se marcha y yo entro a mi casa.

Pasa la tarde, oigo música, etc. Ya entrada la noche, hablo con mi madre por teléfono, y ella, con una vocecita de muchachita venenosa entabla esta conversación:

Mami: mi hijo, ¿y quién era esa muchacha que estaba entrando a tu casa con ese aguacero? ¿eh? ¿eh?

Yo: mami.... ¿de qué muchacha hablas?

Mami: la que vi entrando esta tarde a tu casa.

Yo: mami... hoy no ha entrado ninguna muchacha a la casa.

Mami: pues sí, yo la vi, tenía una sombrilla y el pelo largo.

Yo: ____________ (en silencio, riéndome por dentro)

Mami: no lo niegues, que la vi entrando. Yo pasaba por la esquina.

Yo: ____________ mami... ¿había un carro estacionado fuera?

Mami: si.

Yo: ____________ mami... ¿tenía sombrilla?

Mami: si.

Yo:_____________ mami... ¿tenía el pelo largo?

Mami: ¡si, esa misma!

Yo:_____________ mami... ponte tus lentes, no había ninguna muchacha...   ¡Era yo!


¿Moraleja?

No salgo a la calle bajo un aguacero con sombrilla y el pelo suelto.