11 de noviembre de 2011

El tiempo no falla: Todo lo cura, o todo lo mata


Al igual que los sentimientos, el tiempo es algo que intentamos controlar. Para bien o para mal, el tiempo siempre nos gana la batalla. Nacemos, crecemos, amamos y morimos... La vida no tiene botón de "pausa".

Día tras día veo mi herida convertirse en decepción, luego en molestia y  por último en un recuerdo. No digo que no duela, digo que cada día duele menos. Cada victoria, cada pareja, cada abrazo, cada beso, cada amor, es algo que da  felicidad a   nuestra vida,  pero cada uno tiene su momento, el que no se repite, es único. Por eso cada persona tiene su tiempo y su espacio en nuestras vidas.

Cada amor que llega a nuestra vida tiene la responsabilidad de ser amor, no de hacernos felices, eso nos compete a nosotros. Pero el amor no se transmite con palabras, con "besitos", con cumplidos. El amor es más complejo que cualquier ecuación matemática, es un dar y recibir, es un Ying/Yang, es un día/noche, una mezcla perfecta de agua y aceite. El amor es ser y estar, a veces dejar de ser uno para ser nosotros.

Cualquier relación de pareja que "funcione" debe recordar que el tiempo es quien trae y se lleva el amor. El amor a través del tiempo toma formas, cambia, se adapta, pero... ¿lo hacemos nosotros? A veces, nos confiamos al creer que tenemos el amor en "la palma de la mano", ¿pero qué tenemos en la otra? Tenemos el tiempo, pero lo dejamos escapar.

El tiempo es infalible, no falla, es exacto; todo lo cura o todo lo mata. En mi caso, espero que me esté curando. Las cosas pudieron tener otro final, pero no fue así. El tiempo no pide mucho, solo pide tiempo. En mi vida aprendí a entregarme completamente a una mujer, pero no a entregarme al tiempo. El tiempo que me va a hacer falta en el futuro. 

Aunque un poco tarde, estoy haciendo las pases con él, pues sea quien sea que algún día entre en mi vida sabrá que le dedicaré mi esfuerzo y mi tiempo. Pero también serán para mí, pues no quiero que este me mate... ¡Quiero que me cure!