30 de agosto de 2018

Besos ausentes

Te debo unos besos apasionados,
de esos que nunca me pediste.
Los que no te di estando a tu lado,
los que recuerdas cuando te fuiste.

El sexo era delicioso y crujiente
a toda hora en nuestra relación.
Y aunque encajamos perfectamente,
tuve miedo de entregar mi corazón.

Te debo unos besos apasionados,
de esos con los que el cielo se toca.
Y aunque estamos alejados
no se los entregué a otra boca.

El tiempo iba lento, pero voló,
 y no vimos futuro en el presente.
Entre nosotros la tierra se abrió
y quedaron esos besos ausentes.

Te debo muchos besos,
de esos que quieres.
Y te daré más que eso
cuando menos lo esperes.


25 de agosto de 2018

Brujería

Voy arrastrando mi alma
hace ya unos años.
Porque quien me ama
me hizo el peor daño.

Mi corazón no la perdona,
necesitaba una respuesta.
No sabía que esa persona
estaba junto a mi puerta.

Fui ermitaño, me consumía,
no muy lejos del manicomio.
Quien juraba que me quería
destruyó mi matrimonio.

Víctimas sin culpables,
distanciados con dolor.
Y dice la responsable
que nos separó por amor.

No supe porqué todo murió,
si nunca fui tan feliz.
Ahora lo sé y mi odio nació
a manos de aquella actriz.

Ojalá mi único amor me perdone,
pues yo no sabía lo que ocurría.
Y la causante, que no me cuestione
y que disfrute de su brujería.

23 de julio de 2018

22 años después

Este fue un fin de semana muy especial, totalmente distinto a lo que es mi vida desde el 2014. Casi 22 años después de hacer un vínculo emocional, me reencontré con la madre (y su hija, la que llamaré hermana) de mi hermana de padre (la que llamaré hermanita), quien falleció en 1993, apenas un mes luego de conocerla.

Hace unos meses (con todo el tiempo libre que tengo), me puse a pensar en mis antiguos viajes a Manzanillo, municipio Pepillo Salcedo en Montecristi. Recordaba algunas de mis aventuras, mis encuentros con el cocomordán y otras cosas. No mucho, porque mi memoria no me ayuda. Mientras pensaba ¿y qué será de fulana? ¿qué será de fulano? ¿Donde mi hermanita tendrán el mismo número de teléfono? La curiosidad me venció y se me ocurrió lanzar la aventura de marcar el primer número que pensara. Y marqué. ¡No pude creerlo! Y 22 años después, era el mismo número.  Hablé con una tía de mi hermanita, me dijo que casi todos vivían en Estados Unidos o en Santiago. Me dio unos números y ese mismo día empecé a llamar.

Sin mucho esperar y aprovechando el servicio gratuito que nos ofrece la tecnología, llamé a la madre de mi hermanita. La sorpresa fue tremenda, hablamos por horas. Seguía llamándome "mi niño", jajaja. Seguía despidiéndose "bésele la mano a su máma", jajaja. (Allá por Manzanillo dicen máma, no mamá). Ella tenía muchos años en NY, vive con su hijo y una hermana. Me dijo que vendría al país en julio y que quería verme. Eso quiso, eso ocurrió.

Meses después, la madre de mi hermanita me dice: "mi niño, llego mañana por Santiago y me quedaré en casa de mi hija antes de ir a Manzanillo. Quiero que vengas a pasarte unos días con nosotras". (No daré detalles de mis negativas al viaje para no maltratar mi dignidad). Luego de dar bastantes vueltas, acepté y acordamos una fecha, la que cambiamos porque la atracaron y no quería seguir en el país. Ya saben lo que implica, cambio de fecha de vuelo, vacaciones más cortas, andar en la calle casi con temor y otras cosas. Pues,  me llama del número de su hija: "quiero que vengas el viernes". Entonces agarré mi mochila, metí mi equipo de supervivencia (condones no incluidos, porque no andaba en eso) y ropa para 2 días.

Hacía años que no tomaba un autobús interurbano, el viaje fue tranquilo, menos por la mujer a mi lado que no paraba de moverse y rebuscar entre sus paquetes. Unas horas después estaba en la ciudad Corazón. ¡No pude creer tanta limpieza! Lo que veo en Twitter es cierto, Santiago está impecable. La madre de mi hermana, su hija y otros familiares me recogieron y antes de ir a su casa, pasamos por donde unos familiares.

Al llegar a esa casa, en la que se escuchaba de fondo una música cristiana. No entramos bien cuando escucho "vengan a comer", a pesar de mis protestas silenciosas, me sentaron en la mesa ¿a comer? Eran casi las 8 de la noche con la mesa llena de locrio de chuleta, habicuelas, ensalada y un doble litro de refresco. Para no pasar por inadaptado, comí un poco, pero sin refresco. Al terminar, llevo mi plato a la cocina (todos me miran) y dicen: "ahora vamos para afuera" (y ya no suena la música cristiana). No nos sentamos bien cuando llegan del colmado con 4 cervezas y las ponen a mi lado. Me quedo esperando a que alguien de la casa abra la primera. Sin mover un dedo, mis ojos dieron como 3 vueltas y nadie se movió. Casi temeroso digo: "señores, se van a calentar". Y como si los 5 presentes estuviesen combinados, me responden: "aquí no se bebe, las cervezas son para tí". Ya imaginan mi cara de WTF. Me dio vergüenza, pero me las bebí.


Esa noche esperé el momento oportuno para conversar un poco en privado con la madre de mi hermanita y entregarle algo que conservé desde 1993. Luego de guardarlo por tantos años, le di un mechón del cabello de mi hermanita (que ella misma me regaló antes de su operación). Estaba tejito en una trenza de unas 6 pulgadas de largo. Lo mantuve como un tesoro, pero entendí que significaría más para ella.

Ya rumbo a la casa donde me tocaba dormir, voy comido y bebido. Poco para las 11 de la noche, veo mujeres salir de sus casas como si hubiese inscripción en alguna universidad. Vi un arcoíris de monumentales damas, mujeres y chicas. Solo una llamó intensamente mi atención (esta parte la omito para garantizar los derechos de autor). Sorpresa me di, cuando mi hermana dice: "manito, tengo hambre vamos a pedir pizza". Le digo que acabamos de cenar, y ella dice: "esa fue la comida, pero tengo hambre". Pues, a pedir comida se ha dicho. Sin darme cuenta, llegaron otras cervezas. Y me dicen: son para ti. No me dejaron pagarlas y ya se me estaba quitando la vergüenza.

Pues, esa noche me reencontré con gente que hace más de 20 años fueron como mi familia, compartí, comí y bebí. Al día siguiente, entre el café (que colaron solo para mí, porque tampoco toman café), me dice mi hermana: ¿te gusta fulana, verdad? Pues iremos a una piscina, voy a invitarla. Ya imaginan mi cara. Pocas horas después, fuimos con otras personas al lugar. ¡La creta, cuántas mujeres! No puedo negar que todo tipo de cuerpos adornaban el lugar, muchos esbeltos, dignos de cualquier concurso de belleza. Había mujeres para hacer un pelotón. A pesar de todas las bellezas reinantes, yo estaba pendiente a la joven que mencioné antes.

Nuevamente veo cervezas llegar y dicen: "son para ti", esta vez me riego y digo: "¡Ah, no. Si alguien no bebe conmigo, que se las lleven!". Con mucha lucha, el novio de mi hermana abre una y me dice: "eres el invitado, los invitados beben y no pagan". No me convenció mucho, pero ya estábamos bebiendo las cervezas. El ambiente era de mi agrado, cervezas y bikinis. Pero eso que sonaba, que muchos llaman "música", no. Yo estaba concentrado en el bikini de la joven que me gustaba, ahí no me perdía. La tarde pasó y cayendo la noche regresamos a las casas sin inconvenientes.

Ya en la casa, luego del baño y la cena escucho: "manito, oye, los papás de fulana son evangélicos, que no te vean tomando cerveza". Le dije: "tranquila". Apenas volvimos a su casa, mi hermana pide 4 cervezas. Yo la miro con cara de ¿Ajá? ¿Para mí, verdad? Ya saben el resto, no me dejó pagarlas y me las bebí sin vergüenza.

Esa noche compartí un rato con mis familiares y con los padres (evangélicos) de la joven a la que "le tenía el ojo puesto". Aunque mi hermana me advirtió de que "no me vieran con una cerveza", así mismo compartí con ellos, con una botella en la mano. Noté que los padres de la joven se fijaban en mis palabras y mi comportamiento, mucho más que en la cerveza. La madre de la joven me preguntó: "¿usted tiene hijos?" Momento que aproveché para dejar de nuevo en evidencia mi interés por su hija. Realmente me había gustado todo lo que vi en esa joven, pero poco duró mi pasión, cuando conversaba con ella para conocerle mejor y pregunté por la música que le gusta. Todo se derrumbó dentro de mí cuando, con su acento característico dijo: "ei mayoi". Ese tema sigue, pero lo dejaré ahí.

También conocí a un hombre con un tremendo parecido a mi papá. Tres cosas lo hacen idéntico; su físico (color, pelo, cara estatura), su soledad y su romo. Es prácticamente un alcohólico de esos que casi no hablan con nadie y se refugian entre paredes y botellas. No entré a su casa, pero pude notar las incontables botellas vacías que ordenaba desde el pasillo hasta la sala. Es muy reservado y educado, nunca dijo una palabra fuera de lugar. Le comenté su gran parecido con mi papá, de su poco acercamiento hacia mí y de cómo lo encontré muerto en casa. Parece que eso le impactó, me comentó brevemente sus penurias familiares. Cosa que también tuvo impresión en mí, no niego que se me aguaron los ojos una o dos veces. En un momento me miró fijamente y se puso de pie diciendo: "si quieres verme feliz, déjame beber". Me dio su botella de romo que estaba por la mitad (ningún borracho hace eso) y se encerró en su casa. Me dejó sin palabras.

El día para regresar a la capital llegó y en verdad yo ni quería regresar. Primero me iba al mediodía, luego en la tarde. Acabé abordando el autobús de las 7 de la noche. Dadas las circunstancias socioeconómicas, lo obvio era retornar a mis 4 paredes. Y eso hice. Me despidieron como si me fuese de viaje a Rusia (ojalá). ¿Dos vehículos llenos de gente para llevarme a la terminal? Si hubiese sido en la capital, apostaba mi cabello a que la gente estaba loca por salir de mí.

Luego de este agradable reencuentro espero no perder el contacto de nuevo, por los buenos recuerdos en Manzanillo y por las cosas nuevas que espero ocurran allá y en Santiago también, porque al pasar de los años ese cariño sigue igual.

6 de junio de 2018

Serenata de insultos

Hace justo una semana ocurrió algo que no es común por aquí y a lo que no estoy acostumbrado.
 
Desde hace meses, en la acera del frente vive con su madre, un joven de 23 a 25 años, bastante delgado, tranquilo y callado. Se la pasa entrando y saliendo en un carrito que parece una caja de fósforos. No conozco su nombre ni el de su madre, prácticamente no hemos cruzado palabras.


Una noche, rozando las 2 de la madrugada, escucho un carro acelerando y tocando bocina (como tocan los desesperados en los tapones) justo frente a esta casa, pensé que era alguna alarma. Pero, pasaban los minutos y seguía el ruido acelerando el motor de un carro y tocando bocina (como un loco). Se espanta mi madre, me levanto y miro por la ventana; el vecino (el que es tranquilo y callado) llegaba y estaba de impertinente a esa hora haciendo ese escándalo.


Como el muchacho seguía en lo mismo, decidí a salir y recordarle que no vive solo en esta calle, que es una zona tranquila y mayormente de propietarios que fueron militares. Cuando estoy saliendo, veo que el otro vecino abrió la marquesina y movió su carro (para que el ruidoso pueda entrar), me quedo en medio de la calle a las 2 de la madrugada esperando para pedirle al vecino que respete el sueño ajeno.


Cuando se estaciona y apaga su carro, me acerco lentamente y en voz baja le digo: "vecino, son las dos de la mañana". El muchacho me mira y tratando de pararse empieza a gritarme cosas como: "Coñ@, yo estoy en mi maldita casa, la que yo pago con mi maldito dinero". "Mire coñ@, vaya para su casa que usted no me paga mi maldita casa"... Justo antes de yo "ponerme bruto" y taparle la boca de mala manera, noté que estaba borracho. Viendo que no estaba en su sano juicio, opté por no hacer nada, mientras el muchacho seguía gritándome una verdadera serenata de insultos. De todos sus gritos solo recuerdo: "mamaguev@, maric@n, mujercit@", etc. Y como si fuera poco, metió a mi señora madre en su serenta, lo menos que le dijo fue "put@ y "perr@".


A pesar de todo lo que el jovencito vociferó, mantuve la calma pues ¿qué iba yo a resolver partiéndole la boca mientras estaba borracho? Simplemente yo iba a ser un hombre abusador que habría golpeado a un jovencito delgado, 20 años menor, sabiendo que estaba borracho. Lo veo que no encontraba (en sus manos) la llave para abrir la reja para subir a su casa, por lo que le pregunté ¿quieres que te ayude a abrir la puerta? ¡Je! ¿Para qué fue eso? El borrachito estralló sus llaves en el suelo y ahí fue que volvió a gritar insultos con más fuerza. "Maric@n, tú no me ayudas a pagar mi maldita casa, coñ@, la que pago con mi maldito dinero"... Veo que se levantan otras personas, incluyendo mi vecino de al lado, quien se acerca lentamente con cara aburrida y me pregunta ¿por qué no le has dado todavía? Casi me río y le dijo: "mira el jumo que tiene. Ven, vamos a alejarnos un poco y a esperar que entre. No vaya a quedarse afuera y le pase algo, porque nos interrogaría la policía".


Mi vecino y yo nos quedamos conversando en la acera contraria, esperando a que el borrachito entre a su casa, mientras seguía insultando. "Ustedes dos, mujercit@s, maldit@s mujercit@as, maric@nes", apuesto a que hablan de mí, coñ@" (entre otras cosas). Ahora era mi vecino el que quería darle. (No niego que tuve ganas de "sonarlo", pero no lo hice). Le dije: "mano, así borracho hasta con un "topao", le damos un mal golpe. Vamos a agarrarlo sobrio otro día". Eso hicimos, cuando vimos que el borrachito se subió por la reja para entrar a su casa, pues no encontró sus llaves, cada uno fue a dormir.


Yo fui a dormir (y me dormí), al día siguiente mi mente se dividía en "carajo, debí darle" y "suerte que no le di un mal golpe". 48 horas después de la serenata de insultos, toda la calle parecía un cementerio, no veía a nadie de día ni de noche. Entonces hablé con mi señora madre para que supiera que yo esperaba el momento para poner las cosas en orden, solo cuando la madre del borrachito estuviese presente. Iba a dejarle claro que los vecinos en esta calle no hacen eso, y a pedirle que se manejara con su forma de beber. (Y claro, en son de paz, pero si el muchacho desafinaba, yo iba a darle, como debí darle la noche del escándalo).


En la tarde del tercer día luego de la serenata de insultos, veo a la madre del joven llegando a su casa, me ve y acelera el paso (obvia ventaja psicológica para mí). Después veo a mi vecino de al lado, conversamos un rato y me entero de que la serenata tuvo segunda parte. Yo no sabía que la misma noche del escándalo, el borrachito saltó dos o tres veces la reja de su casa (sin pantalones) y siguió insultando hasta casi las 4 de la mañana en el medio de la calle. En esta ocasión gritaba nombres y apellidos de otros vecinos entre insultos, y la madre de mi vecino bailó en esta vuelta. Fue la misma doña quien no dejó salir al vecino, pues iba a dar sus buenos golpes al borracho. Yo apenas me enteraba de esa otra parte de la noche, por lo que le dije al vecino; "mano, debemos poner al muchacho claro, hoy. Ven, vamos ahora. Iremos tranquilos, no vamos a darle".


Mi vecino y yo cruzamos, entramos calmadamente a la casa del borrachito y su madre. En la puerta dije "saluuuudos", salió él, me vio y se puso nervioso. Le di la mano, saludé y pregunté por su madre. Veo y saludo a la señora, que vestía esas faldas estilo evangélicas (¡ay, qué buena está!) y le pregunto si podemos pasar, ella acepta. Ya dentro, mi vecino y yo nos quedamos de pie en la sala y empiezo mi breve discurso: "Señora, imagino que sabe por lo que estamos aquí. Es la primera vez que vengo a su casa y es para decirle que controle el comportamiento de su hijo cuando bebe, este es un sector tranquilo y nadie le ha hecho nada para que eso ocurriera. Miro al muchacho y le digo: "entiendo que nadie sabe los problemas que tienes o lo malo que te haya pasado antes de venir esa noche, pero otro acto así no lo vamos a dejar pasar por alto. Oye, todo lo que me gritaste se me ha olvidado, no ha pasado nada". El muchacho interrumpe una o dos veces diciendo: "a mí no se me ha olvidado"... Lo paré en seco: "Silencio, cállate en la casa que tú pagas con tu maldito dinero. Yo vine a hablar, no vine a escucharte. El maric@n, el mujercit@ hijo de la maldit@ perr@ de mi mamá te está hablando"... y se calló.


Vuelvo a conversar con la madre del muchacho (y repito, ¡qué morena que está buena!) y de una habitación sale la pareja de ella. Le pregunto: ¿lo desperté? Dijo que no. Seguí hablando con la madre del muchacho, "señora, si mi vecino y yo no golpeamos al muchacho porque vimos que estaba bebido. Pero, míreme. Míreme bien, esto no es una amenaza, pero que si su hijo hace de nuevo algo parecido, voy a entrarle a golpes, (en ese momento me di dos golpes con la mano derecha en el pecho estilo gorila) lo sacaré del carro, lo meteré en su casa y luego voy a averiguar si está borracho"... Luego miré al muchacho y le dije: "¿Me entendiste? Si lo haces de nuevo, te voy a dar. Ustedes fueron los que se mudaron por aquí, ustedes deben adaptarse a nosotros". El muchacho me mira, baja un poco la cabeza y se disculpa. La madre (¡tan buena que está!) nos mira y nos agradece no haber le dado (una buena pela) a su hijo. El hombre pareja de la mujer, mudo como la H.


Dando por aclarado el incidente, les doy las gracias por escucharnos y haber entendido claramente mi mensaje. Antes de despedirnos, el muchacho me pregunta si mi madre está en la casa, le digo que si. Entonces me dice que quiere ir a pedirle perdón. Le dije: "Pero, claro, mano. Eso es una buena idea". Entonces bajamos las escaleras y fuimos a casa. Nos detuvimos en la puerta de entrada y dije: "doña, mire a quién le traje". Mi madre sale de la cocina, lo ve, se asombra (tapándose la boca estilo novelas) y como si lo hubiesen planeado, se abrazaron. Hasta yo me sorprendí. Le dije, "doña, ¿vio que no le di?". El muchacho se disculpó, mi madre lo perdonó y lo aconsejó con el tema de la bebida. Conversaron unos instantes y luego lo llevé a la casa de al lado, para que hiciera lo mismo con la señora. Y eso hizo. Lo llevé, se disculpó con la señora mientras mi vecino lo miraba de reojo (aunque le mujer como que lo perdonó entre comillas) y le aconsejó parar la bebida. Instantes después, salimos de ahí y hablamos unos minutos en la acera. Le dije que estaba muy joven para fracasar (con otra gente con menos paciencia que yo) por unos tragos. Que los buenos vecinos son los que no joden... Lo miré y nos despedimos.


Y de esta forma puedo decir esto fue "prueba superada", sin violencia y sin ponerme bruto. Dejamos atrás aquella serenata de insultos.

26 de mayo de 2018

Cada vez

Cada vez que despierto
me sorprende no estar muerto.
Saliva y alcohol en mi garganta,
y un corazón que poco aguanta.

Cada vez que duermo
busco cielo y tengo infierno.
Mi mente alerta en guerra encubierta,
me sacude y me despierta.

Cada vez que vivo
es porque olvido.
Un gemido de placer se requinta,
siempre en una cama distinta.

Cada vez que muero
es porque yo quiero.
No comprendo mi existencia,
ni yo mismo me tengo paciencia.

Cada vez que copulo
no soy feliz, aunque eyaculo.
Sexo no es lo único que ansío,
devorando un buen cuerpo vacío.

Cada vez que lo intento
algo falla porque no miento.
Desde niño hasta la madurez,
siempre duele como la primera vez.